Jugando a ser niños jugando

“- Qué, ¿qué pasa? - dijo el hombre gris, enarcando las cejas - ¿Todavía no estás contenta?. Vosotros, los niños de hoy, sí que sois exigentes. ¿Quieres decirme qué le falta a esa muñeca perfecta? Momo miró al suelo y reflexionó.
- Creo - dijo en voz baja - que no se la puede querer.” (Michael Ende)
¿Qué debe ser una filosofía para niños? ¿Acaso algo distinto de una filosofía para adultos? ¿Un extraño juego, quizás? ¿Una lección magistral proferida por Esfinges de cartón? ¿Algo que tenga que ver con la altura a la que vuela una nube de vapor y una nube de algodón?
El alma infantil no obedece a dogmas ni a normas, aunque sí a principios. En la inocencia de su juego puede trastocar cualquier sistema filosófico con su sana incredulidad, con su poca seriedad. Hay una edad en la que se aprehende el mundo sin la falta de sumas ni definiciones, sin reglas morales que sellen el bien y el mal de una vez para siempre. Hay una edad en que los días son eternos, no hay obligaciones autoimpuestas ni cargas pesadas en la memoria. Por todo ello, una filosofía para niños debe prescindir tanto de la fijación de conceptos, como de un marco teórico que los englobe. Debe basarse en ciertas reglas, pero dejando un margen de libertad que la haga próxima a la vida real, a la experiencia vital tan llena de contradicciones y no por ello carente de verdad. La Filosofía (en cualquier edad) debe ser un juego y nada más, un ejercicio tangible y divertido que en ningún momento pueda contradecir las verdades de la experiencia por el orgullo de la razón. A lo sumo puede aportar principios útiles para quién los formula. Y aquí debe educarse el valor de uno mismo frente a los demás, la valía de la propia verdad frente a las opiniones de los demás; el valor de la libertad para contradecir todo lo que se ha dado por supuesto. Un vida individual jamás puede darse por supuesta. Si todo ésto se olvida en la enseñanza de la Filosofía, se empaña la mirada del niño y se corre el riesgo de perder para siempre un ser feliz y creador. Pero quizá sea ésto lo que conviene al ejercicio de crianza de borregos.
Octubre 25, 2007 en 5:29 pm
Hola compañero,
Tu blog lo encuentro muy trabajado . El contenido es verdaderamente hermoso y reflexivo.
Enhorabuena.
Un saludo.
Maribel Landeira
Octubre 26, 2007 en 9:24 pm
Parece éste un lugar prometedor. Pero dime, ¿qué papel puede desempeñar en este blog el borrego? ¿es éste un espacio tolerante?
Octubre 31, 2007 en 5:27 pm
Como niño que aún soy frente a la vida decir que me ha conmovido esta vista de la filosofía para niños. Mis 17 años hacen de mi experiencia una herramienta muy útil para entender las grandes preguntas y poder tejer mis propias respuestas, pero añoro aquella época, los juegos libres de los niños, sin un Super-Yo atornillando tu conciencia. Creo que es hora de hacer las preguntas a los niños que no se pueden hacer por sí solos. Mostrarles las “nubes de algodón” que moran en el cielo, un cielo que la sociedad ha dejado de mirar, orientando sus débiles cabezas hacia el suelo. Es hora de que la libertad de los niños descubra el conocimiento que hay en ellos. Ojalá pudiera yo haber encontrado mis repuestas antes de que la sociedad lo hubiera hecho por mí. Es hora filosofar con el sentimiento impertérrito de un niño. Potenciemos el espíritu crítico individual. No queremos más hombres grises. Luchemos como Momo para salvar a los niños, para liberar al mundo del frío y monótono sistema.
(Me presento amigo, soy Ander, tengo 17 años y vivo en Jaca. Toni me dio la dirección de tu blog y me lo he leído entero. Espectacular. Me ha encantado y te felicito. Hay cosas que me han parecido muy interesantes. Otras han homenajeado al lenguaje.
Saludos y hastra pronto)