Webquest
Posteado en Materiales sobre Noviembre 18, 2007 por nabopolasarAquí tenéis una webquest que espero os sea útil en la enseñanza de la Filosofía.
Aquí tenéis una webquest que espero os sea útil en la enseñanza de la Filosofía.
Si tenéis tiempo mirar estos tres vídeos. Son tres partes de un mismo corto de animación, basados en la composición de Serguéi Prokófiev. Seguro que ya conocéis la fábula de Pedro y el lobo, pero ¿se os ocurre de qué sabiduría está impregnada? ¿Qué aprendizaje legaríais con ella a vuestros discípulos?
Primera parte:
Segunda parte:
Y tercera y última parte:
Corto de animación titulado Vincent, de Tim Burton.
Discurso de Charles Chaplin en El Gran Dictador. Dedicado a todos aquellos que cada mañana corren para no llegar tarde y no saben ni por qué ni para quién (ni muchas veces a dónde):
Todo niño debería entender qué trata de decir Chaplin, ¿pero seríamos capaces de explicárselo?

“Había una vez un niño que no sabía si quería nacer, su madre tampoco sabía si quería que naciera. Vivían en una cabaña de un bosque, en una isla, en medio de un lago — no había nadie más alrededor. Y en la cabaña había una puerta en el suelo. El niño tenía miedo de lo que había en la puerta del suelo y la madre también tenía miedo.
Una vez, tiempo atrás, otros niños habían ido a visitar la cabaña por navidad, pero esos niños abrieron la puerta del suelo y desaparecieron por el agujero. La madre entró para buscar a los niños pero cuando abrió la puerta del suelo oyó un ruido tan espantoso que el cabello le quedó totalmente blanco, como si fuera un fantasma. Y la madre también vio ciertas cosas, cosas tan horribles que no podéis imaginar. Por eso la madre dudaba de si quería tener al niño, especialmente por lo que podía ver tras la puerta del suelo, pero entonces pensó… ¿por qué no? Le podré decir que no abra la puerta en el suelo.
El niño, sin embargo, no estaba seguro de querer nacer en un mundo en el que había una puerta en el suelo. Sin embargo, había cosas muy bonitas en el bosque, y en la isla en medio del lago. ¿Por qué no me aventuro?, pensó. Por lo tanto el niño nació y fue feliz y su madre también volvió a ser feliz, aunque le decía al niño, por lo menos una vez al día:
-No se te ocurra nunca jamás, nunca, nunca, nunca, abrir la puerta del suelo.
Pero por supuesto, el niño era un niño. Si tú fueras ese niño, ¿no desearías abrir la puerta en el suelo?”
(John Irving, con ilustración de Jeff Bridges)
Al pie desde su niño
El pie del niño aún no sabe que es pie,
y quiere ser mariposa o manzana.
Pero luego los vidrios y las piedras,
las calles, las escaleras,
y los caminos de la tierra dura
van enseñando al pie que no puede volar,
que no puede ser fruto redondo en una rama.
El pie del niño entonces
fue derrotado, cayó
en la batalla,
fue prisionero,
condenado a vivir en un zapato.
Poco a poco sin luz
fue conociendo el mundo a su manera,
sin conocer el otro pie, encerrado,
explorando la vida como un ciego.
Aquellas suaves uñas
de cuarzo, de racimo,
se endurecieron, se mudaron
en opaca substancia, en cuerno duro,
y los pequeños pétalos del niño
se aplastaron, se desequilibraron,
tomaron formas de reptil sin ojos,
cabezas triangulares de gusano.
Y luego encallecieron,
se cubrieron
con mínimos volcanes de la muerte,
inaceptables endurecimientos.
Pero este ciego anduvo
sin tregua, sin parar
hora tras hora,
el pie y el otro pie,
ahora de hombre
o de mujer,
arriba,
abajo,
por los campos, las minas,
los almacenes y los ministerios,
atrás,
afuera, adentro,
adelante,
este pie trabajó con su zapato,
apenas tuvo tiempo
de estar desnudo en el amor o el sueño,
caminó, caminaron
hasta que el hombre entero se detuvo.
Y entonces a la tierra
bajó y no supo nada,
porque allí todo y todo estaba oscuro,
no supo que había dejado de ser pie,
si lo enterraban para que volara
o para que pudiera
ser manzana.
(Pablo Neruda)

Poema (If) que escribió Rudyard Kipling a su hijo, impaciente por crecer:
“Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor
todos la pierden y te echan la culpa;
si puedes confiar en tí mismo cuando los demás dudan de tí,
pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda;
si puedes esperar y no cansarte de la espera,
o siendo engañado por los que te rodean, no pagar con mentiras,
o siendo odiado no dar cabida al odio,
y no obstante no parecer demasiado bueno, ni hablar con demasiada sabiduría…
Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen;
si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso
y tratar a estos dos impostores de la misma manera;
si puedes soportar el escuchar la verdad que has dicho:
tergiversada por bribones para hacer una trampa para los necios,
o contemplar destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida
y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas…
Si puedes hacer un hato con todos tus triunfos
y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,
y perder, y comenzar de nuevo por el principio
y no dejar de escapar nunca una palabra sobre tu pérdida;
y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos
a servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza,
excepto La Voluntad que les dice “!Continuad!”.
Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud
o caminar entre Reyes y no cambiar tu manera de ser;
si ni los enemigos ni los buenos amigos pueden dañarte,
si todos los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado;
si puedes emplear el inexorable minuto
recorriendo una distancia que valga los sesenta segundos
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y lo que es más, serás un hombre, hijo mío.“

“- Qué, ¿qué pasa? - dijo el hombre gris, enarcando las cejas - ¿Todavía no estás contenta?. Vosotros, los niños de hoy, sí que sois exigentes. ¿Quieres decirme qué le falta a esa muñeca perfecta? Momo miró al suelo y reflexionó.
- Creo - dijo en voz baja - que no se la puede querer.” (Michael Ende)
¿Qué debe ser una filosofía para niños? ¿Acaso algo distinto de una filosofía para adultos? ¿Un extraño juego, quizás? ¿Una lección magistral proferida por Esfinges de cartón? ¿Algo que tenga que ver con la altura a la que vuela una nube de vapor y una nube de algodón?
El alma infantil no obedece a dogmas ni a normas, aunque sí a principios. En la inocencia de su juego puede trastocar cualquier sistema filosófico con su sana incredulidad, con su poca seriedad. Hay una edad en la que se aprehende el mundo sin la falta de sumas ni definiciones, sin reglas morales que sellen el bien y el mal de una vez para siempre. Hay una edad en que los días son eternos, no hay obligaciones autoimpuestas ni cargas pesadas en la memoria. Por todo ello, una filosofía para niños debe prescindir tanto de la fijación de conceptos, como de un marco teórico que los englobe. Debe basarse en ciertas reglas, pero dejando un margen de libertad que la haga próxima a la vida real, a la experiencia vital tan llena de contradicciones y no por ello carente de verdad. La Filosofía (en cualquier edad) debe ser un juego y nada más, un ejercicio tangible y divertido que en ningún momento pueda contradecir las verdades de la experiencia por el orgullo de la razón. A lo sumo puede aportar principios útiles para quién los formula. Y aquí debe educarse el valor de uno mismo frente a los demás, la valía de la propia verdad frente a las opiniones de los demás; el valor de la libertad para contradecir todo lo que se ha dado por supuesto. Un vida individual jamás puede darse por supuesta. Si todo ésto se olvida en la enseñanza de la Filosofía, se empaña la mirada del niño y se corre el riesgo de perder para siempre un ser feliz y creador. Pero quizá sea ésto lo que conviene al ejercicio de crianza de borregos.